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Dios utilizó una variedad de escritores y circunstancias para componer lo que ahora llamamos Biblia. Dios se tomó su tiempo. De hecho, pasaron al menos 1,500 años entre el momento en que se escribieron los primeros libros y la redacción de los últimos libros de la Biblia. Sin embargo, a pesar del paso de generaciones y naciones, el mensaje de la Biblia mantiene una coherencia asombrosa. Muchos escritores contribuyeron a la Escritura, y a pesar eso presentan una voz unida: la palabra de Dios. Muchas mentes participaron de la redacción, pero una sola mente proporcionó la inspiración: el Espíritu de Dios.

El apóstol Pedro resumió el proceso cuando escribió: "Sobre todo, tienen que entender que ninguna profecía de la Escritura jamás surgió de la compresión personal de los profetas ni por iniciativa humana. Al contrario, fue el Espíritu Santo quien impulsó a los profetas y ellos hablaron de parte de Dios" (2 Pedro 1:20-21). El apóstol Pablo ofreció la mejor declaración que se conozca en relación con la obra del Espíritu para crear la Biblia: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto" (2 Timoteo 3:16). Solo Dios pudiera haber creado este libro asombroso que ahora tenemos en nuestras manos.

Jesucristo es el centro de las Escrituras. En la mañana de su resurrección, andando por el camino a Emaús, Jesús hizo un análisis de la Biblia con dos de los discípulos: "Entonces Jesús los guió por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de él mismo" (Lucas 24:27). Las Escrituras a las que Lucas se refiere en ese versículo eran los escritos del Antiguo Testamento. Si las antiguas Escrituras hebreas trataban de Cristo entonces, sin duda, el Nuevo Testamento tiene la misma figura central y el mismo propósito: Jesús.

Para responder la pregunta: "¿Cómo obtuvimos la Biblia?", necesitamos recordar que el proceso tuvo esos dos pasos principales. (1) El Antiguo Testamento representa la palabra de Dios dada al pueblo judío antes de Cristo y (2) el Nuevo Testamento representa la palabra de Dios escrita por los seguidores de Jesús durante el primer siglo.

En la mayoría de los libros o cartas del Nuevo Testamento tenemos una idea bastante buena de quiénes fueron sus escritores. El principio fundamental que emerge es el hecho de que los autores tenían conocimiento y contacto personal con Jesús. En cuanto a cómo acabamos teniendo veintisiete "libros" en el Nuevo Testamento, es importante comprender que ninguna persona, grupo o concilio de iglesias se sentó alguna vez y escogió entre una enorme cantidad de "posibilidades" y seleccionó los "libros" del Nuevo Testamento. El papel de las personas y grupos en la formación del Nuevo Testamento tuvo más que ver con reconocer que con escoger.

En ciertos momentos clave los creyentes se reunieron y confirmaron el hecho de que una colección de escritos había demostrado un tono, contenido, trasfondo y poder únicos, que los separaba como "volúmenes" de la palabra de Dios. Hay muchas historias y opiniones con respecto al proceso, pero al final nos encontramos cara a cara con una colección de libros que hablan en armonía sobre la obra de Dios en la historia y el trato de Dios con su creación, centrado en su propia visita al mundo en la persona de Jesucristo. Dios inspiró toda la Escritura (2 Timoteo 3:16), y su carácter impregna cada versículo.

"De todo corazón recomiendo la Nueva Traducción Viviente porque transmite las ideas de la Biblia de una manera sencilla y clara."

Luis Palau

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