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Oración: “No permitas que cedamos ante la tentación”
Scott Lyons

La sexta petición de la Oración del Señor pida la ayuda de Dios para que no cedamos ante la tentación (Mateo 6:13), para que podamos luchar contra nuestros propios deseos pecaminosos. Agustín, Obispo de Hipona, dice: “No temamos al enemigo externo: conquístate a ti mismo y conquistarás el mundo entero.” Y Antonio Abad dice: “Esta es la gran obra de un hombre: aceptar siempre la culpa por sus propios pecados ante Dios y esperar que la tentación se presente hasta en el último momento de su existencia.” Esa es nuestra vida. Como Cristiano lo hizo en El progreso del peregrino, así deberíamos hacerlo nosotros: Ciñamos nuestros lomos y preparémonos para el viaje. La batalla está aquí, en nuestros corazones. Y Cristo nos enseña a implorar ayuda a nuestro Padre.

Que yo conozca, en las Escrituras hay dos interpretaciones de la palabra tentación. A veces, desenmarañamos las diferencias llamando a unas “pruebas” y a otras “tentaciones.”  Y esta es una buena aclaración. Pero la tentación a veces es usada para significar, por un lado, una clase de prueba; y por otro, un vehículo para nuestra ruina. Ahora bien, Dios no nos tienta a pecar para que caigamos (Santiago 1:13) porque él no es tentado por el mal. Más bien, provee una vía de escape: “Las tentaciones que enfrentan en sus vidas no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir” (1 Corintios 10:13, NTV).

Típicamente, el escape que proporciona es la oración, a la que me referiré después. Dios es amor. Él no se involucra en la ruina de un hombre para que este se arruine, sino para que se salve. Así que un hombre podría caer por medio del orgullo, pero por gracia podría salvarse. De modo que Dios no nos tienta, sino que nos prueba, y a esta prueba, en algunas traducciones, se la describe con la palabra tentación. La pregunta puede surgir: ¿por qué Dios, que sabe todas las cosas, necesita probarnos? No nos prueba para que él pueda descubrir algo nuevo sobre nosotros, sino para que nosotros lo descubramos. Nos prueba para que nos conozcamos a nosotros mismos. También envía pruebas para fortalecer nuestras virtudes, para que nuestra fe, esperanza y amor puedan aumentar.

En la sexta petición de la Oración del Señor, le suplicamos a Dios que nos libre de cualquier senda que nos lleve al pecado. Estamos implorando la asistencia Divina. Estamos haciendo un llamado al Espíritu que nos da discernimiento, al Espíritu que nos da fortaleza. Estamos pidiendo la gracia de Dios para que podamos estar atentos y que por gracia podamos perseverar. Las pruebas y tentaciones vienen en este mundo (Juan 16:33, ¡pero la gloria sea a Jesucristo porque ha vencido al mundo!). Hay tribulaciones y sufrimiento en nuestras vidas. Cuando Pablo y Bernabé volvieron para fortalecer a los creyentes de Listra, Iconio y Antioquía, “los animaron a continuar en la fe, y les recordaron que debemos sufrir muchas privaciones para entrar en el reino de Dios” (Hechos 14:22, NTV).

Ahora bien, si usted todavía no memoriza oraciones, Salmos ni Escrituras, que la razón para esta petición —ser tentados diariamente y presionados por todos lados— sea su motivación para comenzar. Este es el escape que Dios proporciona. Cuando sufro la tentación, hago oraciones que he memorizado, incluso si no fuesen más que la oración a Dios más antigua (o algunas de sus variaciones): “¡Por favor, Dios, rescátame!” (Salmo 70:1, NTV). Recurro a estas oraciones y las repito una y otra vez, no como una fórmula mágica para evitar el mal sino para dirigir mi mente hacia Dios, para no darle un punto de apoyo a la tentación. Tratar de formular mis propias oraciones en el momento de la tentación es a menudo una tarea muy difícil para mí, por más ridículo que pueda parecer. Sin embargo, es difícil porque en el momento de la tentación, no quiero estar pensando en orar; quiero estar ofendido con alguien, quiero estar engañando, codiciando o chismorreando. Una de las características hermosas de la memorización de oraciones, Salmos y Escrituras es que podemos recurrir a ellas. De modo que, recurramos a ellas, a la misericordia de Dios y seamos salvos.

"De todo corazón recomiendo la Nueva Traducción Viviente porque transmite las ideas de la Biblia de una manera sencilla y clara."

Luis Palau

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