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La nueva tecnología nos asombra, incluso cuando sucede que no podemos adquirir los aparatos más modernos. La vanguardia de la tecnología tiene mucho que ver con la comunicación. El desarrollo de los celulares, el uso de los GPS (sistemas de posicionamiento global) y otras posibilidades vía satélite han creado un mundo en el que casi nunca perdemos el contacto. Usted pudiera estar visitando este sitio web en un cibercafé que dejaría asombrados a sus abuelos. Usted no puede ya ni imaginar vivir en un mundo sin comunicación instantánea.

Todos estos avances modernos nos dan algunas lecciones. Veamos, por ejemplo, los misterios teológicos de la oración. Cuántos de nosotros nos hemos preguntado acerca de la habilidad de Dios de prestar atención a las oraciones simultáneas de millones de personas en el mundo entero. Sin embargo, los satélites para comunicaciones habitualmente manejan cientos de miles de conversaciones por teléfono celular al mismo tiempo. La analogía no es perfecta, pero nos ayuda a considerar la capacidad divina de Dios, que es mucho más grande y única.

Cada vez hay más y más vehículos que vienen equipados con un botón para llamadas de emergencia. Usted lo oprime e inmediatamente hay una operadora disponible para responder preguntas, dar direcciones y pasar llamadas de emergencia. En ciertas emergencias, como cuando se despliega la bolsa de aire del automóvil, el sistema automáticamente indica una llamada de socorro y proporciona su ubicación al personal de emergencias. Resulta que el software del sistema de posicionamiento global ha estado siguiéndole la pista a cada uno de sus movimientos.

Para cualquiera que alguna vez se haya pregunta si en algún momento perdemos el contacto con Dios, nuestra propia tecnología primitiva indica la respuesta. Pudiera ser sorprendente, pero Dios sabe dónde estamos, en qué andamos y qué necesitamos.

La oración, simplemente hablar con Dios, se convierte en un “botón para llamadas de emergencia” que podemos presionar en cualquier momento para acceder a nuestro Padre celestial, sabiendo que él nos ha seguido la pista continuamente. Él le ama y quiere saber de usted. Él siempre está disponible. Cuéntele a Dios lo que piensa y sus preocupaciones, alábelo por quién es, déle gracias por sus respuestas.

La oración también implica escuchar, escuchar la voz tranquila y callada de Dios. No es una voz audible, sino una impresión en nuestro corazón o nuestra mente, un versículo en particular en la Escritura que verdaderamente nos impacta. A medida que desarrollamos nuestra relación con Dios, nos sentimos más y más cómodos con estas “interrupciones” silenciosas del consejo, la dirección y la ayuda de Dios, incluso cuando no lo hayamos pedido.

Ese botón azul mágico de los autos tiene una tarifa; el privilegio de la oración es gratis en nuestra relación con Dios. David, el compositor de antaño, puede que no supiera nada de localizadores pero sus palabras se hacen eco de la verdad de que Dios siempre está con nosotros, listo para escuchar nuestras oraciones:

Para el director del coro: salmo de David.

Oh Señor, has examinado mi corazón

y sabes todo acerca de mí.

Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto;

conoces mis pensamientos aun cuando me encuentro lejos.

Me ves cuando viajo

y cuando descanso en casa.

Sabes todo lo que hago.

Sabes lo que voy a decir

incluso antes de que lo diga, Señor.

Vas delante y detrás de mí.

Pones tu mano de bendición sobre mi cabeza.

Semejante conocimiento es demasiado maravilloso para mí,

¡es tan elevado que no puedo entenderlo!

¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu!

¡Jamás podría huir de tu presencia!

Si subo al cielo, allí estás tú;

si desciendo a la tumba,* allí estás tú.

Si cabalgo sobre las alas de la mañana,

si habito junto a los océanos más lejanos,

aun allí me guiará tu mano

y me sostendrá tu fuerza.

Podría pedirle a la oscuridad que me ocultara,

y a la luz que me rodea, que se convierta en noche;

(Salmo 139:1–11)

¿Cuán consciente está usted de la presencia de Dios en su vida? ¿Ha conversado hoy con él?

"Uno de mis versículos favoritos de la Nueva Traducción Viviente es Juan 3:16"

Alex Campos

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