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¿Qué apariencia tiene Jesús? – Apocalipsis 1:13-16
Jack Klumpenhower

Todos hemos visto imágenes que afirman ser de Jesús. Hay un Jesús sonriente que se usa para ilustrar las lecciones de la escuela dominical. El Jesús sereno de los conocidos retratos. El Jesús sufriente del crucifijo. Recientemente en Ohio, una estatua de Jesús de 19 metros de altura, con la cabeza y los brazos elevados al cielo, fue destruida por un rayo, entristeciendo a muchas personas a las que les parecía inspiradora.

Por supuesto, entendemos que estas son sólo impresiones de los artistas. La Biblia nos dice lo que hizo Jesús cuando vino a la tierra, pero no da una descripción física de él en aquel momento.  Así que, aunque a menudo se nos dice que fijamos los ojos en Jesús en tiempos difíciles, realmente no sabemos qué apariencia tiene. Cualquier imagen suya que esté grabada en nuestra mente proviene de algún artista que simplemente está imaginándolo.

Entonces, ¿en qué podemos concentrarnos cuando estamos ansiosos, afligidos o buscamos inspiración?

Una sola descripción


Bueno, hay un pasaje —sólo uno— en el Nuevo Testamento que da una descripción física detallada de Jesús. Al comienzo de Apocalipsis, Jesús le habla al apóstol Juan, pidiéndole que escribiera a siete iglesias que tenían problemas. Juan se vuelve hacia la voz y ve siete candelabros:

“Y de pie en medio de los candelabros había alguien semejante al Hijo del Hombre. Vestía una túnica larga con una banda de oro que cruzaba el pecho. La cabeza y el cabello eran blancos como la lana, tan blancos como la nieve, y los ojos eran como llamas de fuego. Los pies eran como bronce pulido refinado en un horno, y su voz tronaba como potentes olas del mar. Tenía siete estrellas en la mano derecha, y una espada aguda de doble filo salía de su boca. Y la cara era semejante al sol cuando brilla en todo su esplendor.” (Apocalipsis 1:13-16, NTV)

A eso se parece Jesús. Irradia gloria, arde de justicia, es puro y poderoso, aterrador.

Por supuesto, esto no es lo que veríamos realmente su pudiésemos mirar a Jesús.  Él y Juan se refieren a lo que deberíamos ver cuando pensamos en él. El significado que está detrás de la imagen es lo que importa.

Jesús es Dios mismo, blanco brillante como lo describe el profeta Daniel (ver Daniel 7:9). Él reina sobre todas las cosas vestido con una túnica y una banda de oro. También está aquí para juicio. Viene con ojos ardientes para penetrar al corazón, pies pesados para aplastar a sus enemigos, voz atronadora para destruir completamente el mal y una espada de dos filos lista para matar.

Esta es la única descripción física de Jesús. Por extraña que sea, debe haber una razón para ella.

Lo que debemos ver

Recuerde que Juan está escribiendo a iglesias que están en problemas. Estos creyentes se enfrentan a la persecución y el sufrimiento. Cada día, son tentados a abandonar el cristianismo en favor de creencias más populares. Algunos están jugando con estilos de vida pecaminosos o perdiendo la chispa de su primer amor por Dios. Se parecen mucho a nosotros.

Después de que Juan se diera vuelta y lo mirara, Jesús lo tocó suavemente y le dijo: “¡No tengas miedo! Yo soy el Primero y el Último. Yo soy el que vive. Estuve muerto, ¡pero mira! ¡Ahora estoy vivo por siempre y para siempre! Y tengo en mi poder las llaves de la muerte y de la tumba” (Apocalipsis 1:17-18, NTV).

Esta es la visión de Jesús que los creyentes en problemas necesitan ver.  Él es el santo, temible y todopoderoso, que ha muerto por su pueblo. Ahora, ha resucitado y ha sido vindicado. Está de pie en medio de los candelabros que representan a sus iglesias; cualesquiera sean las luchas y males que enfrenten, él está con ellas. Si usted pertenece a Jesús y a su iglesia, cualesquiera sean los problemas y tentaciones que enfrente, él está con usted. Sin duda, es atemorizante. Pero él está de su lado.

¿Y qué de aquellas otras imágenes de Jesús, las que nosotros hacemos? Muchas son conmovedoras. Pero a veces, me pregunto si ellas son más perjudiciales que provechosas, distrayéndonos del relato bíblico escrito de nuestro Salvador. Esa gigantesca estatua de Jesús en Ohio, por más impresionante que fuera, simplemente no pudo hacerle justicia al Jesús real.

Jamás he visto intento alguno que describa con precisión al Jesús que aparece al comienzo de Apocalipsis. Tal vez se debe a que la combinación de santidad deslumbrante, juicio espantoso y afecto bondadoso lo harían imposible. Es un Jesús tan maravilloso que es imposible hacer una imagen de él. Sí, esa es la visión que necesito.

Jack Klumpenhower es escritor, consultor de comunicaciones, y vive en Colorado. Ha sido autor de lecciones de estudio bíblico y de una guía devocional para la familia.

"De todo corazón recomiendo la Nueva Traducción Viviente porque transmite las ideas de la Biblia de una manera sencilla y clara."

Luis Palau

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