Querido Dios:
Yo sé que mi pecado me ha separado de ti. Gracias porque Jesucristo murió en mi lugar. Le pido a Jesús que perdone mi pecado y que venga a mi vida. Por favor, comienza a dirigir mi vida. Gracias por darme vida eterna. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Ya está! Usted puede de manera oficial darle a esta persona la bienvenida a la familia de Dios. ¡Es su nuevo hermano/hermana en Cristo!
Así como un bebé no nace y luego se le abandona para que se defienda por sí mismo, un creyente recién nacido en la familia de Dios necesita cierta dirección. Como persona que le presentó a Cristo, usted debe ayudar a crecer a este nuevo creyente. |